estudios críticos de la cultura estéticas y políticas de la representación

Deconstruyendo muros morales (nacionalistas): necesitamos una economía política humanista

Emily B. Campbell

11 de septiembre, 2017

El 10 de Agosto de 2017, el presidente Donald Trump declaró la cuestión de sobredosis por opioides una emergencia nacional. Las implicaciones de la declaración no son claras, pero no hay duda de que las sobredosis por opioides en el EEUU continuará siendo una cuestión de gran importancia, política y social.

En mayo, Bloomberg Business publicó un articulo titulado “El Negocio de Heroína es Sobresaliente en America”, en el que que se explica que “En resumidas cuentas: mientras los estados y los doctores hacen más difícil el obtener opioides de receta, los cárteles del narco lucran vendiendo heroína a los adictos.” Actualmente, narrativas como estas son comunes, el índice de sobredosis causado por heroína y opioides aumenta y el publico demanda acción. De la narrativa común se fabrica una conexión entre demanda y oferta que muestra la muerte de estadounidense como una oportunidad de negocio para los mexicanos; en el artículo citado se puede leer la siguiente afirmación: “Según las autoridades, los cárteles mexicanos y las grandes pandillas urbanas están aprovechando el cambio, creciendo sus redes de venta por todo el país e inundando el mercado con heroína barata.”

No solo es la prensa norteamericana, pueden encontrarse explicaciones parecidas en la literatura académica también. Publicaciones recientes que tratan el aumento de uso y sobredosis por heroína también enfatizan que la heroína viene de México. En un informe político sobre los índices en Nueva Inglaterra, una región del noreste del país famosa por sus altos índices de sobredosis, el autor explica que “si los pacientes se encuentran sin la posibilidad de seguir consiguiendo las recetas necesarias para la compra de estos narcóticos, que son bastante adictivos, es fácil substituirlos con la heroína qué, gracias al aumento de oferta proveniente de México, se ha vuelto más accesible e increíblemente barata.”(1) Cabe mencionar que durante el tercer debate de la campaña presidencial estadounidense, Trump hablo de New Hampshire notando que su “problema más grande es la heroína que pasa por nuestra frontera sur, que pasa y destruye la juventud y esta emponzoñando la sangre de la juventud y muchas personas más”.

La preocupación por las muertes causadas por sobredosis es, hasta cierto punto, válida. Si bien, hoy día, más estadunidenses mueren de sobredosis que por accidentes automovilísticos, la causa principal de dichas sobredosis son los analgésicos controlados. Estadísticamente, hay una inversión de esperanza de vida en los blancos de edad media, única en Europa y EEUU. Esta inversión representa un cambio demográfico no visto desde la epidemia norteamericana de SIDA en los ochentas (2). El fenómeno es, en su mayoría, blanco y de clase media, y comienza en la oficina del doctor o el botiquín familiar. Tres de cada cuatro usuarios de heroína, cuyo primer consumo se haya en la ultima década, comenzaron consumiendo analgésicos controlados. Estas drogas fueron vendidas con poca precaución sobre la peligrosidad de su abuso, especialmente OxyContin. Su creador, Purdue Pharma, pagó 600 millones de dólares en 2007, al haber sido juzgado culpable de engañar la profesión medica. La narrativa continua afirmando que los narcomenudistas han llenado el hueco en el mercado, vendiendo heroína mexicana en las calles estadounidenses para calmar la adicción de quienes ya no tienen acceso a una receta médica.

La énfasis que encontramos en esas narrativas –que la heroína viene de México- absuelve de su culpabilidad a la industria farmacéutica, y también ignora la realidad en México y el sufrimiento que se ha vivido a causa de las políticas regionales, punitivas y prohibicionistas, relativas al tráfico y consumo de droga. La guerra contra el narcotráfico, financiado en parte con los 2.7 billones de dólares de la Iniciativa Mérida, ha generado una crisis de personas desplazadas interinamente por el conflicto, que en el mejor de los casos afecta a 280,000 personas (3). Desde 2007, más de 100,000 personas han sido asesinadas y hay más de 27,000 desaparecidos. México es uno de los lugares más peligrosos del mundo para periodistas, poniendo una parte fundamental de la democracia en peligro.

El multi-asesinato de periodistas Espinoza y Vera llega a la prensa estadounidense, como también lo hace el caso de los normalistas de Ayotzinapa –conocido por el mundo entero. Sin embargo, el consumo estadunidense, que asciende a 100 billones de dólares anuales y representa el mercado mas grande del mundo, no forma parte de la explanación de por qué tanta gente ha muerto en México. ¿Es posible que dicha cantidad de dinero no genere corrupción y una crisis del derecho de ley? La crisis de salud publica en el EEUU por el consumo de drogas es una crisis de derechos humanos y humanitaria en México. El hábito nacionalista de solo lamentar la muerte de nuestros connacionales nos ha dejado ciegos ante esta verdad.

Es curioso que a pesar de los flujos obvios de personas y productos a través de las fronteras, coloquialmente llamado globalización, sociedad de redes o capitalismo global-racial, no existan más recuentos de el sufrimiento posibilitado por estas cadenas y redes de producción, distribución, y consumo desde una perspectiva psicosocial y política. La demanda de una economía política humanista es una demanda por una política radical de luto, donde damos cuenta de nuestros problemas sociales compartidos y del sufrimiento humano que va mas allá que las fronteras nacionales.