estudios críticos de la cultura estéticas y políticas de la representación

Migraciones africanas y latinoamericanas… o la insoportable banalidad del mal

Yerko Castro

22 de enero, 2018

Saskia Sasen nos explica en su último libro que la palabra «expulsiones» es la clave para entender casi todo el orden de la política y de la economía actual. Ella nos cuenta cómo, después del fin de la segunda guerra mundial, en 1945, se vivieron quizás los años más esperanzadores y mejor construidos por los políticos en Europa1, precisamente gracias a que, por entonces, la palabra «inclusión» se había transformado en la clave para articular toda la acción social de los Estados. Inclusión a través de una política de salud pública como derecho de todas las poblaciones. Un sistema escolar ampliamente cubierto y vigilado por los Estados. Un sistema de impuestos que, proporcionalmente a los niveles de ingresos de sus ciudadanos, otorgaba la posibilidad de que aquellos en condiciones menos favorables pudieran tener alguna esperanza. Sin duda que no fue un mundo perfecto, pero al menos se trabajó para ello.

Hoy nada, o casi nada de ello queda. Vivimos lo que Paolo Virno define como posfordismo. No como un modelo unitario que reemplaza al otro modelo -el fordista-, sino como un momento de la humanidad en que, por primera vez en su historia, asistimos a la presencia al mismo tiempo y en todas partes de todas las formas de economía construidas por el ser humano: una economía altamente tecnologizada, mezclada con una economía de esclavitud, junto a otra de economía de plantación, sumada a una forma de economía despótica. En suma, no una economía sino una multiplicidad de formas de ella.

Tuve la fortuna de ser invitado por mis colegas del laboratorio URMIS de Paris (L'Unité de Recherche Migrations et Société) y por el IRD de Francia (L'Institut de Recherche pour le Développement) a participar en un seminario en diciembre de este 2017 a Niamey, la capital de Níger en África. El seminario estaba destinado a discutir los problemas de migración, fronteras y violencias en el mundo. Fuimos tres colegas de México, quienes junto a la delegación francesa y nuestros colegas africanos (de Níger, Senegal, Chad y Marruecos), nos dimos la tarea de escucharnos durante una semana intentando comprender las diferencias y similitudes entre nuestros lugares de investigación.

Por supuesto, para mí esta visita fue un privilegio. Estaba realmente emocionado de poder conocer por primera vez el África subsahariana y estaba también expectante por escuchar a mis colegas. Quería saber cuáles eran las distancias y las cosas similares que nos unen en este momento global de expulsiones.

Desgraciadamente, con el paso de los días y de escuchar a mis colegas me fui dando cuenta de que tenemos demasiadas cosas en común como para no considerar que vivimos una condición global donde los migrantes y la gente en movimiento vienen resultando como las figuras centrales de esta forma de extracción de capital que nos gobierna. De muchas maneras, esa semana en África significó para mí la confirmación de que, tanto allá como acá, los migrantes tienen que estar lejos de ser vistos como personas al margen y en los límites de la economía. Al contrario, ellos están en el centro y su estudio puede ser verdaderamente revelador para tener un diagnóstico del mundo contemporáneo.

México y su larga frontera con Estados Unidos se parece -y mucho- a la frontera del África negra con el sahel y el magreb. «Marruecos y México son el bouchon (tapón) de las migraciones», dijeron varias veces los colegas en Niamey. Son países que sirven para contener las migraciones y ser, en sí mismas, las primeras fronteras de Europa y Estados Unidos, en cada caso. Visto de esta manera, sus políticas migratorias son, en realidad, co-producidas con Estados Unidos y Europa y son el resultado de una política continental.

El comienzo del seminario estuvo marcado por un evento abierto donde autoridades de la Universidad de Niamey, de Níger y de Francia fueron a inaugurar el seminario. Se nos acercó el representante de la embajada de Francia a mí y a una colega francesa con quien estaba sentado. Me dijo en español: «buenos días», con un marcado acento francés. Me contó luego que había vivido en Colombia y que sabía unas cuantas palabras en español. Enseguida nos comentó que esa mañana había escuchado en RFI (Radio Francia Internacional) un reporte sobre un pobre migrante malienne (de Mali) que fue esclavizado en Libia y que termino muerto en el mediterráneo. «Sus vidas son un calvario», nos dijo. Mi colega enseguida complementó: «Sí señor, es así, pero mucho de este problema es porque los países ricos tienen una política de cierre de fronteras que genera todo ese tráfico de personas». El funcionario nos dijo, ya sin la sonrisa en su rostro: «Sí, pero no son los franceses quienes esclavizan a los migrantes. Nosotros no los matamos ni los obligamos a trabajar como esclavos como sí lo están haciendo en Libia»2.

Al irse el funcionario, mi colega me dijo: «me molesta mucho que todos estos funcionarios ven una parte del problema y no quieren ver la responsabilidad de la Francia en esto».

Níger es, como nuestros países en América Latina, un país rico pero con muchos pobres. Es un territorio que funciona como la plaque tournante (plataforma) del África del oeste o el África francófona. Eso significa que por Níger3 todo el mundo pasa. Malienses, sudanienses, senegaleses, nigerianos, etc., gente de muchos países pasa por este territorio con el fin de llegar a Argelia o alcanzar Marruecos para intentar pasar a Europa después.

Al igual que México, uno de los problemas graves asociados a la migración son precisamente los que se vinculan al tráfico de personas. Cada año son encontrados en el desierto en Sahel o en el Sahara familias enteras que han muerto abandonados por los traficantes. La mayor parte son mujeres solas que viajan con sus hijos.

Hablé con Hasan -un colega de Níger- sobre el desierto porque me interesaba saber si él como Touareg4 conocía muy bien las rutas migratorias del desierto.


- Hasan; ¿y cómo logran saber la dirección en la cual van? ¿Usan algún tipo de tecnología para orientarse en el desierto?
- No imaginas cómo hacemos. La mayoría hoy día tiene un celular inteligente, pero la verdad para saber como guiarnos lo hacemos leyendo el desierto. El color de la arena es importante pero más lo son los vientos. Los Tuareg sabemos leer lo que el desierto nos dice y lamentablemente alguna gente de mi pueblo se dedica al tráfico de personas gracias a esos conocimientos.


La mayor parte de los países africanos tienen leyes estrictas no sólo para entrar al país sino también para salir. Si alguien quiere viajar y salir de Níger, por ejemplo, debe hacer el trámite ante la oficina de asuntos exteriores que se ubica en su capital, Niamey. La mayoría de las veces se les niega la autorización, por lo que a los migrantes no sólo no se les brindan las condiciones para hacerlo, sino que además su actividad se define como ilegal. Ellos viven al margen de la ley.

Durante esos días en Níger aprendí mucho de mis colegas y de las coincidencias y diferencias con nuestras migraciones en México y Centroamérica en su búsqueda de alcanzar Estados Unidos. En un recuento que ellos mismos me dieron, podría decir que los temas centrales que atraviesan sus procesos de migración y desplazamiento se asocian a los siguientes aspectos:


- Un estado de crisis permanente donde los Estados africanos no hacen mucho por solucionar estos problemas.
- La gente decide emprender la migración obligada por sus precarias condiciones de existencia, simplemente porque como repitieron una y otra vez mis colegas, «ellos no tienen otra opción».
- Una crisis alimentaria permanente donde la insuficiencia de agua y de alimentos es la característica persistente de todo el paisaje social.
- La crisis climática y ambiental que cada año hace más visible el avance del desierto, la falta de agua y de tierras cultivables a niveles insoportables.
- Un estado generalizado de violencias múltiples que se acentúan en las cercanías de las fronteras. Violencias que dejan las sociedades locales a merced de traficantes, redes de crimen organizado, policías y autoridades que actúan al margen de la ley y con todo el peso y el respaldo legítimo de la misma ley.
- La presencia internacional como algo permanente. Si bien es cierto que ya no se trata de colonias de países europeos, el colonialismo interno auspiciado por actores internacionales persiste. En el caso de Níger esto significa la presencia permanente de Francia tanto en ayuda humanitaria (OIM, ACNUR, etc.), como en alianza con Estados Unidos como «ayuda militar». Entender las crisis africanas sin atender a sus dimensiones transnacionales e internacionales es imposible.
- Las desigualdades regionales entre países y zonas son permanentes. Tal como en América Latina, en África cada país no tiene el mismo peso político ni económico. Estas desigualdades se hacen más notorias a través de todo un complejo sistema de clasificaciones y descripciones conceptuales que refuerzan la racialización y la lucha económica entre unos y otros.


Es muy cierto que América Latina está muy lejos de África y que tenemos con ellos escasas relaciones concretas y cotidianas. Muchos de nuestros países niegan incluso cualquier origen africano de nuestras poblaciones. Sin embargo, después de estar escuchando y analizado las diversas aristas de los complejos procesos migratorios que ellos experimentan, no puedo dejar de pensar que formamos parte de la misma comunidad de problemas. Hay un cierto aire global que hace que sus dramas y tragedias se parezcan demasiado a las nuestras.

Da la impresión, entonces, que nuestras diferencias son más bien de grados y de escalas. Pertenecemos a un mismo estado de cosas y de crisis que en algunos lugares son más acentuados y en otros se viven de manera distinta. Cualquier análisis comparado debiera partir por la urgencia de reconocer que necesitamos una nueva teoría geográfica de escalas y niveles. Una nueva forma de hacer ciencia donde la diferencia de matices nos ayude a entender en qué parte del eslabón de explotación global nos encontramos.

1 Es triste pensar cómo Walter Benjamin, quien probablemente había hecho el análisis más lúcido y brillante para explicar el momento fascista que vivía el mundo en la época de entre guerras, tomó la decisión de quitarse la vida en septiembre de 1940 en Portbou, perseguido por sus ideas y por la desazón de un mundo que veía irremediablemente marchar hacia su peor destino. No pudo ver y no le tocó vivir los mejores años de Europa que justamente ocurrirían entre 1945 y 1980, antes de que Ronald Reagan y Margaret Thatcher decidieran impulsar el tipo de capitalismo que ahora vivimos, precisamente aquel que abandonó toda tarea social del Estado moderno.
2 El funcionario hacía mención al escándalo suscitado por el reportaje emitido por la cadena norteamericana CNN sobre la moderna esclavitud practicada en Libia precisamente utilizando a migrantes como esclavos. Información disponible en página web vista en diciembre de 2017.
3 Níger es un país de ubicación estratégica. No tiene costas y en cambio limita con varios países africanos: limita al sur con Nigeria y Benín, al oeste con Burkina Faso y Mali, al norte con Argelia y Libia, y al este con Chad. Más del 98% de la población es de religión musulmana, con una variedad de 8 grupos lingüísticos diferentes unificados por la lengua francesa. Con un territorio en su mayor parte conformado por desierto y donde su población se ubica con mayor densidad en las cercanías del gran río Níger, cuenta con reservas de petróleo y uranio y desde hace un par de años Estados Unidos construye una base militar en el norte del país, gracias a la ayuda de Francia. Su historia colonial es densa y compleja, parte de la cual se puede observar en el primer filme anticolonialista francés realizado por René Vautier, África 50. También se puede tener un acercamiento profundo a su gente y su mundo a través de la amplia filmografía producida por el padre de la antropología visual contemporánea, Jean Rouch, quien radicó en Níger y escogió a este país y a su enorme río para documentar mucho de su cultura y sociedad.
4 Los Tuareg son un pueblo ampliamente conocido por su historia nómada en el desierto del Sahara. Se extiende su presencia por 5 países africanos: Argelia, Libia, Níger, Mali y Burkina Faso. En Níger y Mali, donde son más numerosos, han realizado desde los últimos 40 años una lucha política y militar para lograr obtener la autonomía como pueblo. Por los cambios en la economía global y de África hoy están cada vez más sedentarizados.

Autores citados:
- Sassen, Saskia, 2016, Epulsions. Brutalité et complexité dans l’économie globale, Gallimard, Paris, Francia.
- Virno, Paolo, 2003, Gramática de la multitud. Para un análisis de las formas de vida contemporáneas, Traficantes de Sueños, Madrid, España.

Yerko Castro es profesor de Antropología en la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México.